
(Escrito: 04-01-08)
-Jueves, 27 de diciembre de 2007-. Era el primer viaje de Natalia a Esquipulas, la ciudad en donde reside El Cristo Negro, el Milagroso Señor de Esquipulas, amado y venerado por millones de fieles que creen de corazón en sus milagros. Fuimos con muchísima emoción, yo quería ir porque hacía muchos años no visitaba al Cristo Negro, además quería llevarle a mi hija. Mi mamá tenía 20 años exactos de no ir y fue por ella principalmente que decidí que hiciéramos el viaje. Eran tres razones fundamentales: 1. mi mamá, 2. presentar a Natalia y sobre todo, 3. presentar a la bebita de la familia, Estefanía, quien había nacido 25 días antes. Fuimos por primera vez como familia, mis hermanos, mi hija, mi sobrina, mi mamá y yo.
Estábamos haciendo la fila para pasar a la veneración del Milagroso Señor de Esquipulas, esa kilométrica cola que siempre hacemos los fieles con el único propósito de orar, platicar un rato con el Señor y pasar dándole una sonrisa, un agradecimiento y finalmente derramando más de una lágrima. La emoción que allí se siente es increíble, además yo soy muy sentimental y siempre lloro. Ese día no era para menos, le estaba llevando a mi hija, mi tesoro, el regalo más grande y más puro que Él me había enviado.
A penas estábamos empezando a hacer la fila (en ese momento faltarían dos horas aproximadamente para poder ingresar al Templo), Natalia obviamente estaba muy inquieta, bajo el sol, jugando con una candela a la que ella nombró “Azul” (porque era de color azul) la cual finalmente terminé dejando en su nombre al señor crucificado de la capilla de afuera del Templo.
Fue cuando de pronto, un “indigente” se empezó a acercar a nosotros, sosteniéndose de los barrotes de la baranda que indica en dónde se hace la fila… el hombre que era de avanzada edad, tenía una apariencia muy fea. Estaba sucio, mal oliente, se veía cansado, zarrapastroso, llevaba un morral colgando de su hombro izquierdo y se apoyaba en un viejo bastón. Tenía los ojos invadidos por cataratas y sinceramente su apariencia no era agradable. Cuando se acercó justo a donde estábamos, Natalia no le perdió la vista y en cuestión de unos segundos ya le estaba regalando unas sonrisas. Cuando le sonreía le decía: “hooooola!” “hooooola!” al mismo tiempo que le tocaba la pierna. El hombre jamás le puso atención, yo creo que él no escuchaba. Yo no sabia que hacer, lo primero que pensé fue apartar a Natalia y no dejar que lo tocara, pero fue en cuestión de milésimas de segundo cuando me detuve y allí la dejé. Me provocó tanta ternura su amabilidad con él. En realidad, Natalia es amable con todo el mundo, siempre anda regalando mucho amor y sonrisas.
El hombre siguió caminando y fue en aquel momento donde yo “cumplí” por decirlo de alguna manera, con mi obligación como humana o como cristiana (no se…) dándole algunas monedas a aquél hombre. Fue en aquel momento en el que Natalia me dijo de la forma más clara del mundo: “Mami, Él es Jesús?”… y sonrió.
Ha sido la pregunta más bella, dulce, tierna e inocente que Natalia me ha hecho. En ese momento los ojos se me llenaron de lágrimas y cada vez que cuento esto y ahora que lo escribo vuelvo a llorar. Natalia habla casi perfectamente a pesar de tener solo 2 años de edad… hace muchas preguntas y dice mil cosas graciosas cada minuto. Sin embargo, hasta hoy puedo decir que esa ha sido la cosa más bella y más pura que ha salido de su boca. Escribo hoy esto (lo cual quise hacer desde ese momento) porque quiero que un día Natalia lo sepa y porque hoy creo y en aquel momento comprendí y entendí en mi corazón que definitivamente no existe un corazón más puro, noble, limpio y bondadoso que el de un niño. Jesús nos ha enseñado que fuimos hechos a su imagen y semejanza y que DEBEMOS ver y tratar a nuestros hermanos como si se tratase de Él y amarlos y respetarlos como a Él y como a nosotros mismos y nosotros los hombres no lo entendemos.
Cuando Natalia me preguntó si Él era Jesús le contesté que no con lágrimas en los ojos y luego reparé y pensé que DEFINITIVAMENTE SI ERA JESUS… fue Jesús mismo que en aquel momento se manifestó en hombre para darme a mí un mensaje especial, para enseñarme y mostrarme que su presencia está en el más pobre, en el más desvalido, en el más sucio, en el más enfermo, en el preso, en el indigente, en el alcohólico, en el señor que recoge la basura, en el médico, en el ingeniero, en la mujer, en el hombre, en el niño, en el anciano y en cualquier otro hombre que haya sido hecho a su imagen y semejanza.
Gracias Jesús, gracias por haberme dado ese mensaje tan bello en esos días tan especiales entre la Navidad y el Año Nuevo. Gracias por utilizar esa alma noble e inocente para recordarme que debo ser más humana y sobre todo que debo ser ejemplo de vida para mi hija para que ella lo sea. Gracias porque en ese momento comprendí el mensaje que siempre nos has enviado a través de tu palabra, gracias por allí comprendí que así eres y fuiste tú, viste igual a todos, amaste igual a todos, no hiciste distinción ni marcaste las diferencias, gracias porque indudablemente ese día Natalia te vio a ti reflejado en aquel ser humano que necesitaba no solo monedas, que seguro necesitaba afecto, amor, una sonrisa… y ella se la dio, aunque talvez él ni cuenta se haya dado. Gracias Natalia, gracias por haberme dado una lección tan linda aquel día. Ojala y el día que leas esto se te enchine la piel igual que a mí y llores, llores y llores muchísimo. Que llores de amor, que llores de alegría, que llores de convicción al creer que Jesús existe y que se manifiesta en nuestra vida constantemente. Te amo Princesa, eres el mejor regalo que Dios le ha dado a mi vida!!!